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Episodio 11

Aprendiendo a detectar la depresión

El virus, la incertidumbre y el aislamiento social son caldo de cultivo para los sentimientos depresivos. ¿Qué son y cómo cuidarnos ahora que estamos más vulnerables que nunca? 

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Es evidente que hemos vivido un año muy difícil. Si te has sentido triste y desesperanzadx en este tiempo, lo más seguro es que no estés solx. Es muy normal que después de tantos meses el desgaste que hemos vivido tenga efectos en nuestro estado de ánimo. 

La depresión es un trastorno emocional frecuente, demasiado frecuente. Se calcula que la padecen unas 300 millones de personas en el mundo, y se caracteriza por sentimientos de tristeza, soledad y desesperanza. Se acompaña de pérdida de vitalidad, culpa y baja autoestima. Normalmente incluye alteraciones en el peso y el apetito, trastornos de sueño, sensación profunda de cansancio y dificultades para concentrarse. Se habla de múltiples factores como los genéticos y biológicos, elementos biográficos, fenómenos sociales, familiares y económicos. Si bien no todos sufriremos el trastorno propiamente tal, la mayoría hemos experimentado síntomas o sentimientos depresivos en esta prolongada pandemia. Veamos qué es lo que nos está pasando:

Estresados y sedentarios

Somos mamíferos, criaturas sociales y orientadas al vínculo, por lo tanto para los humanos el aislamiento ha sido el golpe más duro de la pandemia. La vida social y afectiva es una de nuestras principales fuentes de placer, por eso sabemos que tienden a bajonearse más los que están solos, los que viven en grandes ciudades o se aislan de sus familias y de sus comunidades. Esto ahora se ha agudizado. El encuentro con otros, los vínculos afectivos, la comunidad, era un factor protector que hemos perdido en pandemia. 

Tampoco estamos equipados para sostener estos niveles de estrés por tanto tiempo, para tolerar por tantos meses la amenaza que implica el Covid-19. La tensión financiera, social, de salud, y la simple ansiedad de no saber qué va a pasar nos tiene biológicamente desgastados: no hay sistema nervioso que aguante. 

Y aunque unos pocos han aprovechado este tiempo para ponerse en forma, la realidad de muchos es que dejamos de movernos. No hablamos solo de deporte; dejamos de desplazarnos de un lugar a otro, de subir escaleras, los niños dejaron de correr y de saltar. La falta de actividad física amenaza nuestro estado de ánimo. De hecho, hacer ejercicio físico es una de las recomendaciones sobre las que más consenso hay a la hora de hablar de factores protectores de salud mental.

Aceptar que tenemos pena

La falta de control sobre lo que está pasando, la inactividad y la impotencia pueden golpear la autoestima. Y nos vamos sintiendo cada vez menos empoderados, menos efectivos, menos valiosos. Esto es especialmente verdad para aquellos que han perdido su empleo o no han podido trabajar como antes, enfrentando horas y horas de ocio.

Para muchos, tocar con esa oscuridad da miedo, tanto que prefieren no pensar en ello, y buscamos evitar el dolor. Echamos mano a lo que encontramos para levantar el ánimo, muchas veces profundizando, sin querer, los sentimientos de tristeza y soledad. Las extensas horas frente a las pantallas, el exceso de alcohol o de comida, nos pueden traer satisfacción momentánea, pero a la larga deprimen más. Tememos tanto al dolor que no lo miramos, no lo tocamos, no queremos saber de él, como si cerrando los ojos fuera a desaparecer.

La tristeza tiene mala fama. Se cree que es una emoción “negativa”, algo que debemos evitar sentir. Sin embargo, aceptar que nos sentimos tristes, reconocer la desesperanza y hablar de ella con nuestros cercanos puede ayudarnos a superarla.

Recomendaciones

Pon las cosas en perspectiva: Cuando estamos deprimidos vemos todo oscuro, distorsionamos la realidad y sentimos que todo va mal. Conviene entonces hacer una revisión de aquello que va bien en la propia vida y las cosas que podrían ir mejor. Hazlo con papel y lápiz, para que puedas leer la evidencia.

  • Construye un entorno amable, bello, ordenado. Como es adentro, es afuera: El feng shui, por ejemplo, enseña que los espacios, su disposición y diseño generan algo en nuestro estado mental.
  • Llénate de naturaleza: como sea, pisa el pasto sin zapatos, comienza una huerta en casa, mira por la ventana, ten algunas plantas que cuidar. El contacto con la naturaleza ha probado ser un aporte a la felicidad.
  • Realiza ejercicio físico: lo que sea, desde caminar 20 minutos al día incluso alrededor o dentro de la casa si no puedes salir; sube y baja las escaleras de tu casa; bailar, correr, andar en bicicleta, haz cualquier cosa que te haga liberar endorfinas; si lo haces frecuentemente puede ayudarte a regular tu estado de ánimo.
  • Descansa y cuida tus horas de sueño: biológicamente, dormir de manera adecuada y tener un buen descanso nos ayuda a regular nuestro estado de ánimo.
  • Cultiva tus relaciones: la soledad y la depresión están relacionadas; habla de tus problemas, mantén relaciones de amistad, comparte cómo te sientes, busca espacios para ello.
  • Consulta a tiempo: si crees que estás atravesando un estado depresivo, acude a un profesional de salud mental de manera oportuna; tendrás mejores resultados si lo gestionas a tiempo.

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