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Episodio 9

Perder el miedo al miedo

Podemos enfrentar el miedo para balancearlo, trabajar en la aceptación y así controlar solo aquello que podemos controlar. Tomemos esta consciencia de mortalidad como una oportunidad para aceptarla y disfrutar del día a día.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Está garantizado que todos vamos a morir, y esta es una verdad incómoda, tan incómoda que vivimos como si no fuese así. La muerte es un misterio sin resolver y nuestro mayor punto de contacto con la vulnerabilidad. Somos seres con principio y final, susceptibles de enfermar y morir. A pesar de saber esto, preferimos no pensarlo; si lo hacemos, creemos que no nos sucederá a nosotros. 

Esto no es locura ni neurosis. Es constitutivo de nuestra especie, de hecho. Tiene su fundamento en el cerebro: nuestra mente no está preparada para asumir este hecho. Quienes se han dedicado a investigar este tema desde las neurociencias, han concluido que los seres humanos entendemos que la muerte es real, pero preferimos pensar que no nos va a ocurrir a nosotros. 

Pensándolo bien, ¿cómo podríamos tolerar la vida diaria si fuéramos conscientes de que en cualquier momento vamos a morir? Solo podemos vivir el día a día, pagar cuentas, hacer esas cosas cotidianas y hasta aburridas, si ignoramos y negamos este hecho. Si hacemos como que somos eternos.

El problema es que vino el 2020, luego el 2021, y con ellos una pandemia sin precedentes, un hecho que se ha llevado más muertes que nunca en la historia moderna y sobre el cual, hasta ahora, tenemos poco control. Comenzamos a vivir como colectivo el miedo a ser contagiados. Así, sin más, ese temor que estaba presente en algún lugar recóndito de nuestro cerebro se hace presente, real e inevitable. Nos estamos viendo apurados a enfrentar esa angustia. Negar la muerte no nos resulta en la pandemia, y no estamos preparados para eso.

Dar sentido al miedo

De niños, cuando despertábamos solos en medio de la noche, con terror de un posible monstruo bajo la cama, una de las cosas que funcionaba era encender la luz. Y es que con los miedos el asunto funciona así: mientras más intentamos evadirlos, más grandes se hacen, y si cierro los ojos me imagino lo peor. A veces “encender la luz” y mirar eso que temo puede aportarme para comprender a este “monstruo”, y así ponderar los riesgos reales, controlar aquello que puedo controlar y aceptar aquello que no está bajo mi control. Hablar limita al miedo, permite compartirlo con otros, ponerlo en su lugar y recibirlo en su justa medida.

Por otra parte, podría venirnos bien aceptar que vamos a morir. Tal vez, esta pandemia es la oportunidad para amigarnos con ese aspecto (finito) de la vida, y recurrir a aquello que nos de sentido para trabajar en la aceptación. Lo cierto es que una situación como esta puede sacar lo peor y lo mejor de nosotros. ¿La invitación? Tomar esta consciencia de mortalidad como una oportunidad para aceptarla y disfrutar del día a día.

Recomendaciones

  • Busca el sentido: la filosofía, las religiones y la espiritualidad llevan siglos persiguiendo esta pregunta. Puedes encontrar respuestas indagando allí.
  • Habla: el miedo a la muerte es sentido y negado por todos; lo cierto es que al ser compartido podemos encontrar alivio y sentirnos menos solxs. Además, hablarlo permite delimitarlo, ordenarlo, comprenderlo, y esto posiblemente bajará la angustia.
  • Trabaja la aceptación: para qué seguir negando lo obvio. A veces aceptar el hecho de que vamos a morir (en lugar de invertir energía en negarlo) puede producirte un descanso.
  • Haz cosas para mantenerte bien: claro que puedes aceptar la muerte y además querer sobrevivir (¿es nuestro instinto, no?), pero céntrate en aquello que puedes controlar. Usa mascarilla y haz lo que esté en tus manos para evitar el contagio, cuida de ti y de los tuyos. Y ponte la vacuna cuando sea tu turno.

 

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