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Episodio 6

Empezar a hacerme cargo

Activar el sistema de calma no es algo superficial o irrelevante. Ponlo en valor y date el tiempo, por tu propia supervivencia, de hacer aquellas actividades que te hacen bien y lo activan.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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La neurociencia sugiere que los seres humanos tenemos tres centros emocionales que nos regulan: el sistema de amenaza, el sistema de logro, y el sistema de cuidado. Estos han evolucionado para adaptarse a nuestro entorno y asegurar nuestra supervivencia por cientos de miles de años.

  1. El sistema de amenaza nos alerta de los riesgos. Lo experimentamos a través de emociones como la rabia, el miedo o el rechazo; la rabia que emerge cuando alguien sobrepasa nuestros límites, el miedo a perder la vida frente, por ejemplo, a un animal feroz como el león, o el rechazo cuando aparece un gusano en la manzana. El sistema de amenaza actúa bajo el principio de que es mejor estar seguro siempre, por lo que secuestra completamente nuestra atención cuando lo considera necesario. Si nuestros ancestros hubieran dudado de si ese león estaba interesado en atacarlos o simplemente perseguía una mariposa que pasaba detrás de ellos, probablemente hubieran desaparecido. Los que sobrevivieron siempre asumieron el peor escenario posible y huyeron apenas vieron al león. La eficacia del sistema de amenaza radicó en esa capacidad para tomar control sobre nuestra mente activando hormonas de estrés, y así movilizar conductas de lucha o huida.
  2. En nuestra vida moderna, el sistema de logro es el que nos impulsa a conseguir lo que queremos: desarrollarnos profesionalmente, tener una mejor calidad de vida, ser valorados en nuestra comunidad. Este sistema funciona con un sistema de recompensas químicas a través de la dopamina.
  3. Si nos pasamos la vida huyendo o enfrentando riesgos, y avanzando hacia nuestros logros, habrá un momento en el que caeremos exhaustos, porque no nos hemos detenido a recuperar energías, a nutrirnos física y emocionalmente. El sistema de calma es el encargado de poner ese freno, y está regulado principalmente por la oxitocina, conocida también como la hormona del amor. El tipo de actividades que el sistema de calma moviliza son el encuentro íntimo con otros, el darnos un baño de tina, meditar, hacer yoga, jugar con nuestras mascotas, etc.

En estos tiempos desafiantes, nuestros sistemas de amenaza están permanentemente activados por los riesgos que representa el Covid-19 para nuestra salud, la de nuestros seres queridos, y la posibilidad de asegurar nuestro sustento. Asimismo, el encierro reduce cruelmente nuestra capacidad de entretenernos. Paradójicamente, el atender exclusivamente el sistema de amenaza, que es lo que nos surge natural en estas circunstancias, nos impide conseguir la energía que necesitamos para poder lidiar con los riesgos.

¿Qué hacemos entonces?

El bienestar (y nuestra supervivencia) depende del equilibrio entre estos tres sistemas, no de la supresión ni sobreactivación de alguno en particular. Por eso te recomendamos lo siguiente:

  1. No ocultar ni reprimir el sistema de amenaza, que cumple la importante función de advertirte los riesgos. Sin embargo, nos podemos ahogar fácilmente en nuestras ansiedades, por eso agradece a tu sistema de amenaza la alerta, explora de qué te puedes hacer cargo (sé protagonista) y procura activar el sistema de calma.
  2. Activar el sistema de calma no es algo superficial o irrelevante. Ponlo en valor y date el tiempo, por tu propia supervivencia, de hacer aquellas actividades que te hacen bien y lo activan. Haz una lista de tus actividades diarias: ¿qué cosas te hacen bien? ¿Qué está afectando tu bienestar? ¿Qué puedes hacer distinto esta semana?

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