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Episodio 12

La rabia en tiempos de Covid-19


¿Qué esconde la rabia que sentimos? Confinados por la pamdemia, esta emoción aparece sin que sepamos bien por qué, por eso conviene entender cuál es su sentido para poder trabajarla y evitar que invada todo.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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La rabia es una emoción de lo más natural y habitual en los seres humanos, pero es también de las más desacreditadas. Tildada de agresiva, violenta e inadecuada, la rabia es una emoción que no queremos. Sentirla duele, es molesto, físicamente displacentero; nuestro cuerpo despliega un gran esfuerzo e invierte mucha energía en activarse por completo, por eso aumenta la tesión y el ritmo cardiaco. Nos prepara para defendernos o para atacar. Nos guste o no, la rabia tiene un sentido: es útil para poner límites, para defendernos, despejar obstáculos y hacer cambios en nuestro entorno. La rabia nos protege, cuida nuestro espacio y nuestra dignidad. No llegaríamos muy lejos sin esta emoción a la mano en nuestro repertorio.

¡No es malo sentir rabia!

La rabia es una emoción importante y hasta necesaria. Sin embargo, llega a ser un problema cuando nos aferramos a ella. Esta frase de Buda resulta explicativa: “Aferrarse a la rabia es como agarrarse a un carbón candente con la intención de arrojárselo a otro. El único que se quema eres tú mismo”. 

La rabia habita en un poderoso lugar instintivo de nuestro cerebro, muy previo a nuestra capacidad de raciocinio, y casi todas las veces le gana a la razón, entonces, si es demasiado intensa, la vivimos como algo que se apodera de nosotros. 

Además de todo esto, es una emoción en muchos contextos vivida como inadecuada, entonces la censuramos, la juzgamos, nos culpamos por sentirla. Así sufrimos el doble: primero por la rabia y segundo por lo que sentimos contra ella.

La punta del iceberg

La pandemia y el confinamiento despiertan rabia en muchos de nosotros porque nos produce impotencia, se nos ha impuesto un nuevo orden que nos invade y nos cambia las reglas del juego. Nos sentimos agredidos y eso da rabia. Pero esta es en realidad la punta del iceberg, coexiste con una serie de otras emociones relacionadas con la situación que hemos vivido el último año: nos asustamos, expresamos rabia; sentimos tristeza, expresamos rabia; vivimos un duelo, expresamos rabia. En tiempos de pandemia la rabia abunda y no es sino un reflejo de nuestro dolor.

¿Qué hacer?

Ignorarla no será muy efectivo. Lo más probable es que siga apareciendo, invitándonos a poner ese límite y a cuidarnos de esa agresión que nos amenaza. ¿Entonces? Lo mejor es aceptarla. Escucha lo que tiene que decir y luego déjala que siga su camino. Tal vez así, dando curso a la rabia, permitimos que aparezcan las emociones que hay detrás de ella.

Ejercicio: Meditando la rabia

Siéntate cómodamente, lo más cómodx que puedas, pero manteniendo un estado de alerta. No queremos quedarnos dormidxs durante este ejercicio. Cierra los ojos. Toma consciencia de tu cuerpo. Luego lleva la atención hacia la zona donde tu cuerpo hace contacto con la silla. 

  1. Respira profundamente cinco veces, llenando los pulmones de aire. Ahora, deja que la respiración vaya volviendo a su ritmo natural.
  2. Piensa en un momento en el que hayas sentido rabia recientemente. No es necesario que sea la más intensa. De hecho, es aconsejable comenzar con algo más pequeño.
  3. Visualiza y experimenta lo que sucedió, permitiéndote sentir la rabia nuevamente, ahora mismo. Deja que la sensación sea intensa (¡solo no llegues al punto en el que quieras levantarte, gritar o pegarle a alguien!).
  4. Nota lo que surge. Otras emociones, como tristeza o miedo, pueden aparecer al recordar el episodio. Por ahora, fíjate si puedes quedarte con el sentimiento de rabia. Ya entraremos en lo que está detrás.
  5. ¿En qué parte de tu cuerpo sientes la rabia? Explora este sentimiento. Puede que te den ganas de alejar de ti esa sensación. Por esta vez, intenta quedarte con tu rabia, investígala como si fuera un fenómeno nuevo. Cuando notes una sensación, observa si su intensidad aumenta o disminuye. ¿Cambia o se mueve? ¿Hace frío o calor?
  6. Explora cómo sería llevar un poco de amabilidad, de ternura a esa rabia. Enojarse es normal, todos la experimentamos a veces. Ve si puedes acunar tu propia rabia como una madre a un recién nacido. ¿Qué pasa si la sostienes así, con ternura y cuidado?
  7. Dile adiós a esta rabia. Comienza a llevar lentamente tu atención de vuelta a la respiración y quédate con ella por un tiempo, dejando que tus emociones se asienten en la amplitud de tu respiración y conciencia.
  8. Después de terminar, reflexiona. ¿Qué sensaciones notaste en tu cuerpo? ¿Cambiaron mientras las observabas? ¿Pudiste llevar algo de suavidad y ternura a esta rabia? ¿Cómo lo hiciste? ¿Qué pasó con la rabia en ese momento? ¿Qué está cuidando esa rabia?

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