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Episodio 4

Nuestro bienestar es algo que hacemos

Dado que nuestras circunstancias no dependen del todo de nosotros, tiene sentido poner el acento en aquellas cosas que hacemos, en el ámbito de nuestras acciones voluntarias.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Si tus padres son personas alegres y optimistas, lo más probable es que tú también lo seas. En parte por la genética que heredaste de ellos, y en parte por cómo aprendiste de ellos a enfrentar la vida.

Partamos por la genética. Imagina a dos gemelas: Ana María y Rosa. Criadas en Lima, ambas abandonaron la escuela a los 14 años. Buscaron trabajo y conocieron a sus futuros maridos a los 16. Las dos tuvieron dos niños y una niña. Compartían los mismos temores (a la sangre y a las alturas) y hábitos poco comunes (les gustaba el café frío y se rascaban la nariz con la palma de la mano). Nada de esto podría sorprenderte hasta saber que Ana María y Rosa fueron adoptadas por familias distintas siendo bebés, y ninguna supo de la existencia de la otra hasta los 40. Cuando finalmente se reunieron, se veían casi iguales. Eran gemelas idénticas. Alegres y optimistas, tendían a estallar en carcajadas en medio de cualquier conversación. Se habían sacado lo que se conoce como “lotería cortical”: por genética su reacción natural era ver siempre la mejor parte del mundo, independientemente de la crianza y de su entorno.

Tener padres biológicos optimistas hace las cosas más fáciles, ciertamente, pero para el resto de los mortales, afortunadamente, no todo está perdido.

Dado que nuestras circunstancias no dependen del todo de nosotros, tiene sentido poner el acento en aquellas cosas que hacemos, en el ámbito de nuestras acciones voluntarias. Se ha demostrado que tenemos un ámbito de influencia sobre nuestro estado que representa una oportunidad imperdible. Así, nuestro bienestar puede ser algo que creamos.

De hecho, las personas más felices prefieren realizar ciertas acciones que tienen efectos en su bienestar. Según una revisión exhaustiva de la académica ruso-norteamericana Sonja Lyubomirsky (La Ciencia de la Felicidad, 2008), las personas más felices:

  • Dedican una gran cantidad de tiempo a su familia y amigos, nutriendo y disfrutando de esas relaciones. 
  • Se sienten cómodos expresando gratitud por todo lo que tienen. 
  • A menudo son los primeros en ofrecer ayuda a los compañeros de trabajo e incluso a desconocidos. 
  • Procuran mirar su futuro con optimismo.
  • Saborean los placeres de la vida y tratan de vivir en el momento presente. 
  • Hacen del ejercicio físico un hábito semanal e incluso diario. 
  • Están profundamente comprometidos con sus sueños y propósito de largo plazo.
  • Por último, pero no por eso menos importante, las personas más felices tienen su cuota de estrés, crisis e incluso tragedias. Pueden llegar a sentirse tan angustiadas y ansiosas como tú o yo, pero su arma secreta es el equilibrio y la fuerza que muestran para sobrellevar las dificultades.

¿Qué puedo hacer?

Cada uno/una tiene sus propias fuentes de felicidad, y ha sido en parte gestor/a de su bienestar. Toma un momento para recordar un instante que te hizo muy feliz y recuerda vívidamente esa situación. ¿Qué estaba pasando? ¿Con quién estabas? ¿Cómo te sentías?

Ahora, lo más importante: ¿Qué hiciste tú para que ese momento fuera posible? Explora tanto las acciones como las actitudes, valores y pensamientos que permitieron que fueras feliz.

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