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Episodio 2

Come tu helado pensando en tu helado

Si entrenamos nuestra mente para poner atención a lo que hacemos, podremos disfrutar más intensamente los eventos placenteros. Te proponemos ejercitar la atención plena.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Carlos sube al segundo piso de su casa, abre el closet, mira su ropa, y ve sus pantalones cortos. “Hace tiempo que no salgo a correr”, piensa. Antes solía hacerlo los domingos junto con Juan, su compañero de colegio desde los 10 años. Volvían del colegio caminando juntos, acompañados por María Elena, la hermana de Juan. “Qué linda era ella”, recuerda Carlos. Y se vienen las imágenes de esos veranos que pasaban juntas las dos familias, y él intentaba robarle un beso a María Elena, pero ella lo rechazaba. Veranos…. ¡uy, no he pagado la reserva de las vacaciones!, recuerda de pronto. Quizás con los puntos de la tarjeta de crédito pueda abaratar un poco los gastos. Carlos se pone el pijama, y mientras piensa si debería cambiar de banco, escucha la voz de su esposa que lo llama desde el primer piso: “¿Estás listo?, ¡estamos atrasados, los Domínguez nos esperaban a las 8:30!”.

Carlos no es el único que anda pensando en otra cosa. Los profesores de Harvard Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert  llevaron a cabo un singular y significativo estudio. Valiéndose de una app para iPhone, le preguntaron a 2.250 individuos, varias veces al día, qué estaban haciendo, cómo se sentían, y si tenían la mente puesta en lo que estaban haciendo. El primer hallazgo: la mayoría de las personas pasa un 47% del tiempo con la mente en otra cosa, como Carlos, que olvidó que había subido a cambiarse de ropa y en su lugar se puso el pijama.

Pero hubo un segundo hallazgo que es aún más informativo: las personas eran más felices cuando tenían puesta su atención en lo que estaban haciendo. De esta manera, la capacidad de pensar acerca de algo cuando no está sucediendo, si bien es un logro cognitivo, tiene a la vez un alto costo emocional.

De hecho, el estudio mostró que poner atención a lo que hacemos predice mejor nuestra felicidad que el tipo de actividad que realizamos. Esto nos abre posibilidades interesantes, puesto que, a pesar de que nuestras mentes tienden a divagar, sí podemos entrenarlas para que se focalicen en lo que está pasando en el momento. Así podremos disfrutar más intensamente los eventos placenteros, que, como abordamos en el post anterior, son esquivos a nuestra atención.

¿Cómo se hace?

Elige una actividad que te parezca placentera, como disfrutar de un chocolate, una bebida o un helado de tu sabor favorito; tú sabes mejor que nadie qué te produce placer. Por esta vez, decide realizar esta actividad lo más lento posible, poniendo toda la atención en las sensaciones y emociones que se gatillan. Si es un helado, primero aprecia su color, siente la textura del barquillo en tu mano. Luego huélelo. Siente su aroma frío entrar, observa cómo se activan tus papilas gustativas. Recuerda todo lo que te gusta de ese helado. Luego empieza a probarlo muy lentamente. Deja que un poco de helado quede dentro de tu boca, disolviéndose. Prosigue así, lentamente. Si quieres pensar en algo, piensa en cuánto te gusta ese helado.

Qué disfrutes tu helado.

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