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Episodio 3

El ‘efecto boomerang’ de ser amables y ayudar a los demás

Ayudar o dar implica usar nuestros recursos y habilidades, lo que fortalece el sentido de control sobre nuestro vivir. Ser amables con otros también nos permite valorar lo que tenemos, pero ¿cómo lograrlo?

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Se acerca el cumpleaños de un ser querido: pareja, sobrin@ o hij@, amigo del alma. Es un cumpleaños importante y quieres hacerle un regalo especial. Porque conoces bien a esa persona, hace tiempo que decidiste lo que quieres regalarle. Puede ser algo hecho con tus propias manos, o que comprarás en su tienda favorita.

Ya el hecho de empezar a prepararte, te llena de ilusión. Lo haces, lo compras. Lo envuelves tú mism@, y quieres agregarle una sentida dedicatoria. Hablas con esa persona antes de su cumpleaños, incluso se encuentran justo cuando traías el regalo en tu mochila.

Sabes que el regalo está ahí y no dices nada, logras morderte la lengua. Llega el día. Se encuentran, le entregas el regalo. Estás ansios@ mientras tu amigo lo abre. Le encanta. Te abraza.

El regalo hizo a esta persona feliz. Y a ti también. Siempre nos dijeron que teníamos que ser generosos, pero nunca nos advirtieron que esa era una fuente fundamental de felicidad. ¡Haberlo sabido antes!

¿Por qué dar nos pone contentos? Todos los seres vivos tienen necesidades que satisfacer. Con los otros animales compartimos las necesidades fisiológicas de oxígeno, comida, agua, y de mantener nuestra temperatura corporal.

Los seres humanos tenemos además necesidades psicológicas como la autonomía, el sentirnos competentes, y, muy centralmente, necesitamos a los demás para sentirnos queridos, reconocidos y miembros de una comunidad. Cuando damos a otros nos damos cuenta de cómo nos necesitamos unos a otros, de nuestra interdependencia, y esto fortalece nuestros lazos. Ser amables con otros nos permite valorar lo que tenemos.

Ser amables y generosos también mejora la percepción de nosotros mismos. Ayudar o dar implica usar nuestros recursos y habilidades, lo que fortalece el sentido de control sobre nuestro vivir. Y, lo que es más nutritivo, dar a otros da sentido y propósito a nuestras vidas. Estudios demuestran que el voluntariado está asociado con una disminución de síntomas de la depresión y un aumento de sentimientos de felicidad, autoestima, maestría y control personal.

¿Cómo hacerlo?

No tienes que ser el Dalai Lama para ser amable o beneficiarte de actos amables. Tampoco tienes que buscar las situaciones más complicadas. La posibilidad de ser amable está en tu casa, en tu trabajo y en la calle. La evidencia científica te puede orientar en cómo hacerlo. Aquí algunos criterios:

  1. Temporalidad: estudios sugieren que la frecuencia e intensidad de los actos importan. Y contrario a lo que podemos pensar, dedicar un día a la semana a actos de amabilidad es más beneficioso que encomendarse la tarea de hacer una amabilidad al día. Si no es un acto grande, pueden ser 3 o 4 pequeños.

  2. Variedad: hacer siempre lo mismo destruye los romances, y destruye también los actos de amabilidad. En la variedad está el gusto. Si no tienes dinero, puedes regalar tiempo. Visitar o llamar a alguien que necesite compañía, o ayudar a un vecino con problemas. Te beneficiarás también muchísimo de gestos generosos o amables anónimos, del que no esperes nada a cambio. Dejar pagado, por ejemplo, un café para quien quiera (o necesite) uno en la cafetería de la esquina.

  3. Cadenas de amabilidad: este no es un criterio de éxito, sino una consecuencia positiva. Hacer algo por los demás despierta gratitud, que a su vez motiva a “devolver la mano” con otras personas. Esto gatilla una ola de amabilidad que tiene un efecto reparador en nuestro tejido social.

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