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Episodio 1

Por qué dormimos mal en pandemia (y cómo podemos remediarlo)

Si bien en condiciones “normales”, el 40 % de los adultos puede desarrollar un trastorno del sueño, en cuarentena los índices se han incrementado. Más de la mitad de los peruanos está teniendo dificultades para dormir.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Verónica, una profesora universitaria de 52 años, recuerda que de niña sufría de problemas para quedarse dormida: “Tengo la imagen de una fiesta familiar con los primos chicos acostados en un gran dormitorio. Todos en silencio, durmiendo, y yo con los ojos bien abiertos. Debo haber tenido 6 años”. Ya grande y madre de dos hijos con asma crónica, Verónica se acostumbró a dormir poco. Con los años se las arregló para lidiar con el insomnio y seguir con su trabajo. Pero con la pandemia su alteración se volvió crítica, y en el último mes rompió su propio récord: “¡me estoy quedando dormida a las siete de la mañana! Despierto pasadas las 12 y, aunque he intentado infusiones, yoga y relajación, no hay caso”.  

Como a Verónica, la propagación del Coronavirus está causando un profundo impacto en el descanso de miles de personas. De hecho, ya hay varios expertos que acuñan el concepto “coronasomnio” para referirse a la alteración del sueño a causa de la pandemia.

En Perú, se estimaba que los adultos con dificultades para dormir llegaban al 55.7% en octubre pasado, según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Las causas son una mezcla de factores como la preocupación por las finanzas, el estrés emocional, el distanciamiento de la familia y la incertidumbre general, a lo que se suman los cambios de hábitos: los hijos están en casa, los días no tienen ritmo y hay muy poca interacción social. 

Un estudio de la Universidad de Basilea, en Suiza, demostró que, al trabajar más desde casa, muchas personas comenzaron a dormir a horas más regulares día tras día, y la mayoría agregó unos 15 minutos más cada noche. Paradojalmente, los participantes en el estudio indicaron que si bien dormían más, la calidad del sueño había disminuido. “Esto pasa porque la carga autopercibida (sicológica principalmente), que aumentó durante la cuarentena, puede haber superado los efectos beneficiosos de dormir más horas”, señala Christine Blume, neurocientífica a cargo de la investigación.

Para que el sueño sea normal, debe tener varias características. La principal es que se cumplan adecuadamente todas sus etapas, sin demasiadas interrupciones, para reestablecer la vida diurna al despertar. Otro tema importante es la duración, y aunque no todos tenemos las mismas necesidades, pero el mínimo para que un adulto conserve sus funciones vitales son 4 horas, y lo ideal es dormir entre 7 y 8 horas. Y mucha atención a esto: se ha comprobado que si el sueño se interrumpe o es fraccionado, su capacidad reparadora disminuye.

Criaturas de hábitos

En tiempos de incertidumbre los trastornos del sueño más frecuentes son el insomnio; sueño intermitente con interrupciones recurrentes y despertar precoz. Es anormal si pasamos tres o más noches a la semana con falta de sueño, también si necesitamos 30 minutos o más para quedarnos dormidos, o si despertamos a mitad de la noche y nos cuesta retomar el sueño. 

A las preocupaciones por el COVID-19 se añade la alteración de nuestras costumbres. “Somos criaturas de hábitos y nos gusta tener el control, por lo que una pérdida repentina de la rutina, como comer y/o acostarse más tarde, además de la falta de ejercicio, tienen un impacto en nuestro sueño", dice Guy Meadows, sicólogo del sueño y cofundador de The Sleep School de Londres.“A esto se agrega que estamos pasando más tiempo en espacios interiores y nos perdemos parte de la luz natural, que es uno de los factores fundamentales en el ciclo sueño-vigilia”.

El sueño se regula con el cansancio y el ciclo luz-oscuridad. Si nos despertamos tarde, nos privamos de la luz de la mañana, que es clave para que el cerebro sepa que en unas 14 horas más, será momento de dormir. Y si el insomnio persiste, se transforma en factor de hipertensión, enfermedades cardíacas, resistencia a la insulina y aumento de peso. Además, afecta el sistema inmune. Las personas que consiguen sólo 4 horas de sueño cada noche, durante una semana producen la mitad de anticuerpos contra la gripe, por ejemplo, en comparación con los que duermen entre 7 y 8 horas. Asimismo, el insomnio puede generar depresión ya que la falta de sueño produce cambios químicos en el cerebro que afectan el estado de ánimo.

La buena noticia es que podemos ejercer una influencia positiva en nuestro sueño al mantener nuestros horarios y separar los segmentos de trabajo y de ocio, dando una estructura que es fundamental para seguir con la vida y proteger nuestro descanso nocturno.

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