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Episodio 5

¡Aprende a escucharte! Y verás los resultados

La próxima vez que te enfrentes a un dolor, en lugar de rápidamente intentar deshacerte de él, permite que la emoción surja y pregúntate ¿qué necesito?

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Cuando una planta está con las hojas amarillas, revisamos si tiene suficiente agua y tierra, o si tal vez está expuesta a muy poca o a demasiada luz. Queremos saber por qué está así, y por lo tanto nos preocupamos de darle lo que necesita. Sabemos que el color y textura de la hoja no es el problema, sino el síntoma. Nos parecería absurdo plancharla y luego pintarla con un óleo verde brillante

Sin embargo, no hacemos eso con nuestras emociones. A veces, cuando nos sentimos mal, hacemos lo posible por sentirnos bien. Para lograrlo, nos distraemos viendo una película o serie, llamando a algún amigo, mirando nuestras redes sociales, o navegando sin rumbo por internet investigando acerca de nuestra próxima compra. Otras veces simplemente reprimimos nuestras emociones, o intentamos ahogarlas en alcohol o con pastillas. Nos consideraremos exitosos en la gestión cuando logramos reemplazar un estado emocional incómodo por uno placentero, y a veces triunfamos. Podemos cambiar nuestro estado de ánimo por un instante, pero esta estrategia es tan exitosa en el mediano y largo plazo como planchar la hoja arrugada de nuestra planta y cubrir su color amarillo con el óleo verde brillante.

Las emociones son nuestro lenguaje interior. Si me siento bien, es porque mis necesidades están satisfechas. Si me siento mal, es porque me falta algo. Tratar de apagar o maquillar las señales es equivalente a “matar al mensajero”: puedo adormecer el dolor, pero la necesidad sigue insatisfecha.

Estas necesidades son diversas, y si no están satisfechas, nos enfermamos. Necesitamos amor, reconocimiento, pertenencia, libertad, confianza, propósito, verdad, armonía, paz y seguridad tanto como necesitamos aire, nutrientes y agua. Cada vez que tenemos un dolor o alegría, esa emoción nos está informando que eso es o no es lo que necesitamos para sobrevivir y prosperar. Entonces, la próxima vez que te enfrentes a un dolor, en lugar de rápidamente intentar deshacerte de él, permite que la emoción surja y pregúntate ¿qué necesito?

¿Qué hacer?

El siguiente ejercicio te prepara para abordar tus emociones dolorosas, en vez de resistirlas, reprimirlas o intentar distraerte a toda costa. Al dejar de bloquear las emociones difíciles, reducimos el sufrimiento asociado a ellas. Fue desarrollado por los investigadores Kristin Neff y Christopher Germer del Center for Mindful Self-Compassion, de California, Estados Unidos. Puedes practicar este ejercicio siempre que sientas estrés en la vida diaria.

Trae a tu mente una situación difícil en este momento; tal vez un problema de salud, de estrés producto de una relación o de la cuarentena. Elige un problema que pueda generar cierto impacto en tu cuerpo cuando lo pienses. Ahora, visualiza claramente la situación y recuerda quién estaba allí, qué se dijo y qué pasó.

Comienza con la respiración

Encuentra una posición cómoda, cierra los ojos y toma tres respiraciones relajantes. Pon tu mano sobre el corazón para conectarte con tus emociones y darte calma.

Etiqueta la emoción

Ahora, ve si puedes nombrar la emoción más fuerte —difícil— asociada a esa situación: ¿rabia? tristeza? ¿confusión? ¿miedo? Repite el nombre de la emoción para ti mism@ con una voz suave y comprensiva, como si le estuvieras validando a un amigo lo que está sintiendo: "tristeza" o dolor."

Lleva toda tu atención al cuerpo

Recuerda esa difícil situación de nuevo e identifica el lugar de tu cuerpo donde más sientas el dolor o la tensión. Detente ahí donde puedas sentir incomodidad.

Ahora elige un lugar en tu cuerpo donde la sensación se exprese con más fuerza, tal vez un punto de tensión muscular o una sensación de dolor. Enfócate en ese lugar.

Suavizar, calmar y permitir

Deja que los músculos se relajen sin necesidad de que se vuelvan blandos, como si simplemente aplicáramos calor a los músculos adoloridos. Recuerda que no estás tratando de hacer que la sensación desaparezca, sólo estás acompañándola con amabilidad.

Regálate un poco de calma por estar pasándolo mal. Pon la mano sobre tu corazón y siente el calor y los latidos.

Permite que la incomodidad esté ahí. Abandona las ganas de que el sentimiento desaparezca. Permite que la incomodidad vaya y venga como quiera. Si quieres, puedes repetir como un mantra: "suavizar, calmar y permitir."

Escuchar y actuar

Cuando estés listo o lista, abre lentamente los ojos, llevando tu atención al mundo que te rodea, y pregúntate ¿qué necesito? Explora qué acciones podrías llevar a cabo para satisfacer esa necesidad.

Nota: Si en algún momento experimentas demasiadas molestias, o te asustas, quédate respirando hasta que te sientas mejor. Si la incomodidad persiste, abre tus ojos, mira a tu alrededor para ubicarte en el espacio nuevamente, o quizás detén tu atención en algo que sea reconfortante (tu cuadro favorito, la foto de un ser querido, o tu mascota). Tal vez quieras comunicarte con un amigo, dar un paseo, o tomar una taza de té. Cuidarse a sí mismo, incluso si significa interrumpir el proceso, es atención plena (o mindfulness) en acción.

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