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Episodio 6

Piensa positivo y te sentirás mejor

Es un asunto muy serio qué pensamientos permitimos que nos habiten, qué narrativas usamos para explicar lo que sucede, y qué decimos (y nos decimos), particularmente en tiempos de volatilidad y vulnerabilidad.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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La mente humana es capaz de provocar creaciones que nos conmueven: Macchu Picchu, grandes obras literarias, el cine, la música, la poesía, internet o la llegada a la luna. Con la misma intensidad y alcance, es capaz de acciones negativas como la destrucción del planeta.

En una escala menor, todos tenemos la experiencia de sensibilizarnos ante palabras de aliento, cariño o perdón. Del mismo modo, hay otras cargadas de odio, desilusión o desdén, que nos hacen mal y quedan ahí, molestándonos. Las palabras pueden ser más duras que la piedra, y sus heridas, de recuperación lenta.  Un “no”, como posibilidad, un “te odio”, como expresión de sentimientos, o juicios como “eres mala”, “torpe”, o “tonto”, pueden determinar el curso de nuestras vidas.

Este poder no solo aplica a las palabras que nos dicen, sino también a las que nos decimos a nosotros mismxs o pensamos. En una vieja historia de los indígenas norteamericanos, un abuelo relata a su nieto que en nuestro interior se bate una lucha feroz entre dos lobos: uno se alimenta de nuestros miedos, rabias, culpas, ansiedades y mezquindades. El otro lobo, de nuestra generosidad, del amor, del entusiasmo, del perdón y la aceptación. El niño escucha atento y reflexivo, y cuando su abuelo termina el relato, guarda silencio unos instantes y luego pregunta: ¿Cuál lobo gana? El que tu alimentes, responde el anciano. Si nuestra mente está alimentada con “lo bueno”, nuestra vida anda bien, lo pasamos mejor, y nos adaptamos a las dificultades. Si nos dejamos llevar por pensamientos que nos duelen, nos debilitamos, rigidizamos, y lo pasamos mal.

Puedo pasarme el día, por ejemplo, atento a las malas noticias, o al temor que tengo a perder mi trabajo, lo que activa mi sistema de amenaza, reduce mi capacidad de conectarme con otros, de ser creativo/a, y debilita mi sistema inmune. El temor a enfermarse, o el temor a perder el trabajo, paradójicamente, puede hacer que me enferme o termine efectivamente perdiendo el trabajo. La vida no solo se trata de aquello a que le ponemos atención allá afuera, sino que también, y mucho más intensamente, dentro de nuestras mentes.

¿Qué hacer?

Te proponemos la siguiente práctica para empezar a entrenar tu capacidad de identificar qué pensamientos te hacen bien, y tener la libertad de dejar partir los que te hacen mal

  1. Siéntate cómodamente, pero manteniendo una actitud de atención: espalda recta, hombros relajados, pecho suave, mirada hacia el frente, mentón levemente hacia adentro.
  2. Cierra los ojos y lleva la atención a tu respiración: desde el aire frío que entra por la nariz, pasando por la tráquea, e inflando lentamente los pulmones, expandiendo las costillas, y cómo estas presionan la silla, hasta la lenta exhalación, con el aire más tibio por la nariz, con las costillas lentamente contrayéndose. Observa todo el fenómeno asociado a respirar. Mantén esta atención durante todo el ejercicio.
  3. Permite que vengan pensamientos a tu cabeza. Primero, buenos recuerdos, o fantasías agradables. Observa la respuesta de tu cuerpo y luego, tu respuesta emocional. ¿Cambia tu estado? ¿En qué lo notas? ¿Dónde? ¿Qué te hacen pensar?
  4. Ahora, has el ejercicio de etiquetar estos pensamientos, como un hashtag. Por ejemplo, puedes etiquetar ese recuerdo de las vacaciones como #recuerdodelas vacaciones.
  5. Vamos un poco más allá. Cuando detectes un pensamiento, has el ejercicio de decirte “me doy cuenta de que estoy pensando acerca de aquellas vacaciones”, y para las sensaciones, “me doy cuenta de que ese pensamiento me produce una sensación placentera en el pecho”.
  6. Deja que ese pensamiento se vaya, a su propio ritmo. No intentes ni retenerlo ni sacarlo de tu mente. Los pensamientos tienen una duración corta si los etiquetas. Como si tuvieras un globo de helio en la mano, simplemente suéltalo, y observa cómo se aleja.
  7. Permite ahora que vengan pensamientos asociados a preocupaciones. Observa la respuesta de tu cuerpo a estos pensamientos, y luego, tu respuesta emocional. ¿Cambia tu estado? ¿En qué lo notas? ¿Dónde? ¿Qué te hacen pensar?
  8. Ahora, has el ejercicio de etiquetar estos pensamientos como un hashtag. Por ejemplo, puedes etiquetar esa preocupación por tus deudas como #pensamiento acercadelasdeudas, y las sensaciones asociadas a esta como #molestiaenelestómago.
  9. Cuando detectes un pensamiento, has el ejercicio de decirte “me doy cuenta de que estoy pensando acerca de las deudas”, y para las sensaciones, “me doy cuenta de que ese pensamiento me produce una sensación tensa en la boca del estómago”.
  10.  Deja que ese pensamiento se vaya a su propio ritmo, no intentes retenerlo.
  11. Ahora, toma nota del pensamiento o preocupación dolorosa, explorando qué puedes hacer al respecto. Procura tomar una acción concreta que puedas implementar rápidamente. Recuerda que no queremos tapar el sol con un dedo. Es necesario que pensemos en cómo resolver nuestros problemas.
  12.  Finalmente, déjate inundar nuevamente por los pensamientos placenteros, o simplemente disfruta por unos instantes estar contigo mismx respirando, sabiendo que estás haciendo todo lo posible por resolver tus desafíos.

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