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EPISODIO 3

Volver a la manada

Algún día superaremos la pandemia y poco a poco entraremos nuevamente a funcionar en “piloto automático”. En ese momento nuestro desafío será no perder esos lazos básicos que (re) establecimos con nuestra comunidad.

Tu Salud · Lectura de 6 Min.
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La soledad, entendida como desconexión con los demás, es reconocida por muchos como la gran enfermedad del siglo XXI. En esta Era, la manera de vivir es cada vez más individual y aislada. Es la gran paradoja de la globalización: en muchos ámbitos las fronteras ya no existen, pero el sistema posmoderno de vida nos ha empujado a “desenchufarnos” de los otros, alienados así de nuestra naturaleza gregaria.

La pandemia, sin embargo, con toda la carga negativa que nos trajo, también nos ha sensibilizado sobre asuntos que parecían causa perdida. Parte de ese replanteamiento tiene que ver con comenzar a mirar al otro a los ojos, y, tal vez, volver a la manada, es decir a construir comunidad.

En nuestros círculos más cercanos probablemente hemos visto a hijos haciendo las compras para sus padres mayores, o vecinos con similares muestras de solidaridad. A niveles comunales, hemos apreciado bancos de alimentos para los que quedaron cesantes y campañas para apoyar mypes, y hasta las ciudades se han ido adaptando para evitar aglomeraciones y protegernos de manera colectiva.

Pero la pandemia terminará tarde o temprano, o aprenderemos a lidiar con ella como hicimos con la gripe. Entonces, ¿cómo hacemos para no perder esa humanidad que muchos hemos ganado?

Un poco de historia

Los seres humanos comenzamos viviendo en pequeños grupos nómades, para luego dar paso a tribus, aldeas, pueblos, ciudades y grandes metrópolis. Desde que existimos como especie que nuestro instinto es ése: sabemos que no podemos sobrevivir solos. La cría humana nace más vulnerable que cualquier otra, necesitando de total cuidado por, al menos, sus primeros dos años de vida. Está escrito en nuestros genes que somos de manada y por miles de años vivimos así, conectados con la tribu, pertenecientes y conscientes de la comunidad que nos acogía y de la cual dependemos. Algo pasó en el camino que últimamente nos encontrábamos más solxs que nunca.

Pero llegó el coronavirus, nos confinaron y así logramos apreciar la única red disponible para muchxs que yo no podíamos salir a ver a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros trabajos: los vecinos y desconocidos que teníamos cerca. Con ello, la reflexión y la toma de consciencia de que no estamos solxs, y que de esta solo saldremos unidxs.

Cuando nos sentimos vulnerables y en peligro, la tendencia es a unirnos y apoyarnos mutuamente. Aquí puede salir lo mejor de cada quien, mientras unxs buscan apoyo en su entorno, otrxs toman consciencia de sus ventajas y buscan maneras de ayudar a lxs más débiles. De la desigualdad, la enfermedad y la crisis económica han surgido grandes movimientos de solidaridad, como los que comentábamos al comienzo de este post.

Es curioso como el mismo miedo o desconfianza que nos llevó a aislarnos y a dejar de hablar con nuestros vecinos, hoy nos tiene conversando con ellos por primera vez, fortaleciendo las redes, ayudándonos con sus propias tareas o cuidando a los hijos de otros.

Algún día volveremos a la normalidad, dejará de haber pandemia y poco a poco entraremos nuevamente a funcionar en “piloto automático”. En ese momento, cuando todo haya terminado, nuestro desafío será no perder eso que hemos ganado, que no se nos escape toda esta humanidad recuperada, que no se nos deshaga la red que tanto ha costado volver a tejer.

¿Qué hacer?

No podemos cambiar el mundo solo con nuestra intención, ni siquiera solo con nuestras acciones. Sí podemos cambiar nuestra consciencia, estar alertas y mirar las cosas desde otro lugar. Meditación Metta:

  • Siéntate con comodidad y concéntrate en tu respiración hasta encontrar un momento de calma.
  • Trae a la mente la imagen de una persona que evoca fácilmente sentimientos de amor y calor; alguien que ha sido importante y buenx contigo. Imagínate enviándole deseos de bienestar deseándole bien, cosas buenas.... Nota cómo se siente desearle el bien a esa persona.
  • Trae ahora a la mente a otros seres queridos para los que también es fácil tener estos deseos, un niño o un miembro de la familia o un amigo querido, o incluso una mascota querida, y si se siente bien, diciéndoles, a tu manera y con tus propias palabras: que seas feliz, sano y amado en tu vida. 
  • Si se siente bien, puedes extender estos buenos deseos a un amigo, a un compañero de trabajo, a un vecino, imagínate haciéndolo. Nota cómo se siente hacer esto.
  • Incluso podría ser posible expandir aún más, a conocidos o incluso personas que no conoces: la gente que va por la ciudad, quien te atiende cuando vas a comprar, el conductor de un bus, quien barre la calle. Imagínate deseándoles el bien. Revisa cómo se siente hacer esto.
  • Si te sientes bien hasta ahora, puedes tratar de extender estos deseos a alguien que no es de tu agrado, y practica mentalmente desearle cosas buenas. Revisa cómo se siente esto.
  • Tómate un momento para recordar que todas estas personas, las conozcas o no, te parezcan simpáticas o no, comparten tus mismas necesidades humanas: la de ser amados, aceptados, sentirse seguros y conectados.

 

 

 

 

 

 

 

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