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EPISODIO 3

El lado bueno de las cosas

La disposición de mirar nuestros desafíos como oportunidades de aprendizaje y cambio es el principal factor de resiliencia. Te proponemos cambiar de perspectiva para apreciar lo que hemos aprendido en pandemia.

Tu Salud · Lectura de 7 Min.

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Esta pandemia puede hacer daño aun así no te hayas enfermado gravemente por Covid-19. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido insistentemente sobre los riesgos psicológicos de esta situación, porque no estamos diseñados para enfrentar simultáneamente tanto estrés, en tantos ámbitos de la vida. Entonces, después de más de un año en estado de amenaza, es esperable que esta situación nos haya bajoneado: que estemos agotados, desesperanzados, angustiados o incluso enojados. 

Nuestra tendencia habitual es a evitar el dolor, por razones obvias: el dolor duele. Si consideramos que el 2020 y gran parte de 2021 han sido dolorosos, ¿estamos dispuestos a olvidarnos por completo de estos dos años, y sentir que los perdimos? ¿Dos años de vida? Es demasiado ¿no? Les queremos proponer otra manera de mirar estos tiempos oscuros. Hablamos de “oportunidad” en post anteriores; hoy haremos doble clic en ese ejercicio.

La invitación es a mirar toda esta experiencia, que muchos han vivido como traumática, con otra actitud: una de curiosidad, incluso hasta de generosidad. Como dice Thich Nhat Han, el sabio vietnamita responsable del mindfulness en Occidente, “sin barro no hay loto”. Han nos sugiere que, tras todo aprendizaje, tras todo florecimiento, tras toda luz, hay un momento de oscuridad. O, dicho de otro modo, si no hemos pisado el dolor, difícilmente podremos despegar. 

Los desafíos que hemos enfrentado este tiempo nos pueden hacer ir muy adentro, muy a lo profundo, y descubrir herramientas y recursos de los que ni idea teníamos. El dicho “no hay mal que por bien no venga”, alude a esta profunda verdad. 

Flexibles como el bambú

La disposición para mirar nuestros desafíos como oportunidades de aprendizaje y cambio es el principal factor de resiliencia. Resiliencia es un concepto que viene de la física y se refiere a la capacidad de los materiales de volver a su forma original luego de haber sido sometidos a presión. 

El vidrio tiene poca resiliencia: lo fuerzas y se quiebra en mil pedazos que nunca volverán a su forma original. Solo piensa en un vaso que se cae al suelo. Una vara de bambú, por su parte, tiene mucha resiliencia; si la empujas con fuerza, esta volverá a su posición original. El viento fuerte puede botar un árbol pero nunca una vara de bambú. La clave está en la flexibilidad, en cómo se relaciona con el viento. El árbol, por un lado, mantiene su posición y su forma; el viento lo mueve, pero quiere siempre mantener su postura, por lo que termina quebrándose. El bambú, en cambio, se deja mover, no opone resistencia porque no quiere mantener su forma justo cuando está soplando el viento. 

Como vimos en el post sobre la resiliencia, los seres humanos somos capaces de sobreponernos a situaciones difíciles. Si no aceptamos las circunstancias, si queremos mantener nuestra “forma” a como dé lugar, el temporal terminará “rompiéndonos”. Si estamos abiertos a la experiencia, flexibilizándonos frente a las circunstancias, dispuestos a renunciar temporalmente a nuestra “forma”, podremos recuperarnos, e incluso aprender de todo esto (¡cosa que el bambú no sabe hacer!).

Qué hacer

Mirar “el bien” que nos ha regalado esta pandemia, es un ejercicio de flexibilidad que nos brinda resiliencia. En la medida en que podamos apreciar los lotos o las oportunidades de los momentos difíciles, podremos enfrentar las nuevas dificultades con apertura. Dicho de otro modo, si ya sé que esta dificultad me traerá aprendizaje, puedo pararme frente a ella con la apertura. 

Ahora, difícilmente podremos captar estos regalos, estos “lotos”, si nos sentimos acongojados, tristes o demasiado ansiosos. Recordemos que estos estados fisiológicos nos llevan a detectar amenazas más que oportunidades, a mirar las sombras antes que la luz que las proyectan. Es por eso por lo que te recomendamos que, antes de hacer este ejercicio, te asegures que tengas un poco de tranquilidad interior (puedes revisar posts anteriores donde señalamos técnicas de respiración y mindfullness, entre otras, para dominar la ansiedad, el bajón anímico o la rabia).

El ejercicio es muy sencillo. Vas a necesitar lápiz y papel.

Encuentra un lugar cómodo. Si prefieres, puedes poner una música suave que te relaje, idealmente que no tenga letra, para que no te distraigas. Cierra los ojos y lleva la atención a tu respiración. Juega a exhalar con un gran y largo suspiro, que ojalá suene: aaaaahhhhhhh!

Vuelve a probar un par de veces más (no te preocupes si hay más gente en casa, no será la primera vez que te escuchen suspirar).

Piensa ahora en una dificultad de tu vida que te haya parecido abrumadora, incluso imposible de resistir y que, ahora que miras para atrás, te das cuenta te dejó una gran lección. Elige algo antiguo, que ya esté resuelto, y donde ya aprendiste lo que tenías que aprender. ¿Qué pasó? ¿Qué sentiste? ¿Qué aprendiste de ti y de la vida? ¿Qué profundo aprendizaje te dejó esa experiencia que, de lo contrario, quizás nunca hubieras logrado? Escribe este recuerdo.

Ahora, piensa en este año que llevamos de pandemia y hazte estas preguntas: ¿Qué aprendizajes ocultos han surgido? Piensa en un “mal que por bien no venga”, ¿qué te ofrecen en tus desafíos actuales?

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