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Episodio 3

‘Ya pasamos lo peor, ahora estamos más unidos que nunca’

Eduardo y Romina, pareja de emprendedores

Como muchos peruanos, Eduardo y Romina enfrentaron los primeros meses de pandemia por COVID-19 sin trabajo y con dos hijos en casa. Conoce su historia de apoyo mutuo y cómo crearon sus emprendimientos.

16 febrero del 2021  •  Lectura de 5 min.
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Para Eduardo Doig la pandemia no pudo llegar en un peor momento. Apenas dos meses antes de que el Covid-19 se instalara Perú, trayendo incertidumbre y encierro, había renunciado a su puesto de jefe de marketing en una empresa biofarmeceútica para enfocarse en dos emprendimientos: Jolly Roger, un licor, y un “dark kitchen” (comida para llevar que se encarga online) que creó con su esposa Romina Cáceres y que ofrecía menús caseros a oficinas en centros empresariales de San Isidro. A este último le fue bastante bien por un tiempo.

Romina y su suegra cocinaban en casa, temprano, y él se encargaba del despacho; se había organizado de tal manera que podía recoger a sus hijos del colegio sin problemas, “pero la pandemia mató ambos negocios. Ni siquiera intentamos retomar este último, y Jolly Roger lo tuve que poner en pausa”. 

Jamás se cruzó por su mente que algún día vería vacía la Avenida Javier Prado, famosa por sus embotellamientos. Pero por esos días de marzo del 2020, cada vez que Eduardo salía tarde por la noche a pasear a su perro Lorenzo, la imagen le parecía –como a muchos otros limeños– sacada de una película de terror: no había un solo carro, ni un alma en la calle. Todo era un demoledor silencio. “La palabra que mejor lo describe es tétrico; la ciudad parecía muerta. Caminaba preguntándome qué iba a pasar”, recuerda.

Eduardo era el único que salía de su casa; en esa época aún no se sabía mucho de Covid-19 y reinaba no solo la incertidumbre. También el miedo. Romina y sus dos hijos de 6 y 4 años cumplían una cuarentena estricta. “Fue muy difícil para todos. De un día a otro dejamos de ver al resto de la familia y los chicos no entendían por qué”. 

Encerrados, acostumbrándose a las clases virtuales y bajo mucho estrés, juntos tuvieron que buscar la manera de manejar mejor la situación en casa para no desbordar. Había que buscar pronto una solución para las finanzas familiares, de otro modo ¿cómo iban a pagar las deudas, el colegio y la comida, sin trabajo y con los emprendimientos paralizados? Eduardo no lograba quedarse dormido debido a la preocupación, mientras que ella le confesaba que no podía más con la carga emocional, mental y física dentro de la casa.

Entonces ocurrió lo inesperado: una amiga de Romina buscaba una mano con su empresa de pijamas; ella tenía tiempo disponible y necesitaba trabajar. Se volvieron socias. Las prendas las confeccionan en Gamarra y la mayoría de los pedidos los distribuye Eduardo, quien ayuda creando diseños y contenido para sus redes sociales. Así comenzaron a repuntar económicamente y los ánimos mejoraron mientras se anunciaban nuevas olas de Covid-19.

Con el tiempo y algo menos de estrés, él se animó a formar una agencia de marketing junto a un socio. Tocaba trabajar por las madrugadas: “vivía cansado; este proyecto creció lento, pero fue esperanzador. Y al ver cómo es que las cosas iban funcionando, mejorando, reflexioné sobre la capacidad que tenemos todos de adaptarnos”. 

Un drama menos hostil

“Es probable que estemos viviendo bajo la misma presión que hace un año, pero como ya sabemos llevarla, nos sentimos mejor. Romina maneja sus tiempos entre el trabajo y las clases virtuales, y yo también siento que ya no estoy corriendo contra el tiempo”, dice Eduardo. “Los meses más duros siento que ya pasaron; ahora estamos más unidos que nunca, haciendo pijamadas en casa, y disfrutando de las videollamadas en familia”.

Los carros ya circulan por las calles. En Lima, la sensación de estar en una película de ficción se ha ido disipando, pese a la tercera y a la cuarta ola, y a la incertidumbre respecto al acceso a las vacunas. Para Eduardo, es como si en cuestión de meses hubiésemos cambiado de género: hemos pasado del terror a un drama en curso pero más gentil, de esos que enseñan a verle el lado bueno a las malas situaciones. “Es lo que nos tocó. Vamos para adelante no más”.

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